
La celebración supuso un encuentro y un acercamiento entre todos los asistentes. En el momento de darnos la paz pudimos enlazarnos unos con otros con unas pulseras, como gesto de unión y fraternidad que debe unir a la gran familia que somos y a la que pertenecemos poniendo nuestra mirada y nuestro corazón en nuestros hermanos más frágiles y desfavorecidos.
Fue un acto simbólico, que expresó el deseo de la Iglesia de manifestar la Caridad precisamente en estos momentos de tantos conflictos en los que urge un sincero deseo de unidad en el mundo; en el que vivimos, compartimos y del que somos responsables. Por algo recuerda el papa Francisco en la encíclica “Laudato Si”, que somos parte privilegiada de la creación y tenemos, por tanto, la responsabilidad de respetarla, de cuidarla y de hacer posible que de ella puedan disfrutar todas las personas y no sólo algunas.
Fue un acto simbólico, que expresó el deseo de la Iglesia de manifestar la Caridad precisamente en estos momentos de tantos conflictos en los que urge un sincero deseo de unidad en el mundo; en el que vivimos, compartimos y del que somos responsables. Por algo recuerda el papa Francisco en la encíclica “Laudato Si”, que somos parte privilegiada de la creación y tenemos, por tanto, la responsabilidad de respetarla, de cuidarla y de hacer posible que de ella puedan disfrutar todas las personas y no sólo algunas.