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22 noviembre, 2018

Nuevas pobrezas. Esperanzas renovadas

El responsable voluntrario de Animación Comunitaria de Cáirtas Zaragoza, Ramón Sabaté Ibarz, ha publicado un artículo para Iglesia en Aragón  con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebró el pasado domingo 18 de noviembre, y que queremos compartir con vosotros.

Nuestro acercamiento a la realidad de la pobreza acostumbramos a hacerlo apoyándonos con excesiva frecuencia sólo en las estadísticas. Corremos así el riesgo de quedarnos paralizados en fríos análisis comparativos. Escuchamos y leemos con relativa preocupación números y gráficos que nos dibujan un aspecto nada halagüeño de nuestra sociedad polarizada en la acumulación de riqueza en manos de unos pocos y la extensión de la pobreza entre muchos.

Sin embargo, tal como nos señala el Papa Francisco en su mensaje con motivo de la II Jornada Mundial de los Pobres, de inminente celebración, estamos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos conciudadanos nuestros, hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de pobres.

Deberíamos subrayar la expresión “estamos llamados a encontrar”. Es decir, debemos andar listos para visualizar, salir de nuestro confort, descubrir, abrir el corazón a las situaciones de pobreza que nos rodean y actuar en consecuencia.

El hecho sin paliativos de la pobreza no se agota ni mucho menos en las “clamantes” situaciones de carencia económica en la que viven millones de hermanos y hermanas nuestros, víctimas de una distribución de la riqueza injusta y que necesitan urgentes actuaciones sociales y políticas para devolverles la dignidad  los derechos que les corresponden.

Es necesario ampliar el horizonte de análisis de la realidad y comprobar cómo en nuestro agitado mundo del siglo XXI, entrecruzado por múltiples y sorprendentes avances tecnológicos, el abanico de las situaciones de pobreza se va abriendo cada vez más.

El término “pobre” deriva del latino “pauper”, es decir, “el que produce poco” y en un principio se aplicaba como adjetivo o bien a la tierra o bien a los animales. Con el tiempo se aplicó a quienes no podían producir y por tanto carecían de lo más elemental para la subsistencia, es decir, a los seres humanos. Partiendo de este concepto todos estamos tal vez hoy más que nunca o bien expuestos o bien enmarcados dentro de situaciones de pobreza.

Cuando se nos pretende hurtar una buena formación cultural, cuando estamos rodeados por doquier de noticias falsas que nos impiden aproximarnos a la verdad, cuando nos vemos rodeados de situaciones de intoxicación informativa o nos vemos engañados por situaciones políticas marcadas por la superficialidad y hasta por la corrupción, estamos socialmente empobrecidos. Un sistema depredador de la naturaleza nos genera una pobreza ecológica en la que estamos todos inmersos y principalmente los más desfavorecidos. El individualismo y el egoísmo nos conducen a generar soledad y abandono, en definitiva, una pobreza de espíritu y de ánimo ante la que tantas veces estamos insensibles. Cuando escuchamos discursos generadores de odio, de aporofobia o xenofobia y de exclusión bajo el señuelo de apropiaciones de banderas y patrias excluyentes, estamos cayendo en pobrezas de valores humanos esenciales para la convivencia.

Nos corresponde estar atentos y vigilantes para fortalecer nuestro tejido social, nuestro proceder solidario, nuestro espíritu crítico, nuestra madurez de pensamiento y nuestra valentía para la denuncia. En ello reside nuestra esperanza para superar estas crisis ya no sólo económicas, sino sociales y políticas. Cuando se vislumbran señales de tormenta como las actuales conviene tener referentes sólidos que permitan saber que hay un horizonte limpio más allá de los nubarrones amenazantes. Necesitamos salir de la indiferencia, conmovernos al ver la realidad de este universo de pobreza en el que quienes más la sufren, al fin y al cabo, son los marginados, los olvidados, los que yacen al borde del camino. A ello nos invita continuamente el Papa Francisco. Necesitamos saber compaginar la compasión profundamente entendida con el trabajo por la justicia. Ahí reside la base profunda de la caridad cristiana.

Pobres humanos, sobre todo, pobres humanos pobres acabo de leer en una novela de reciente aparición. Urge actuar para deshacer esta adherencia simbiótica entre pobreza y humanidad.

26 octubre, 2018

Adela Cortina imparte una conferencia para Cáritas Zaragoza sobre el rechazo al pobre

El pasado miércoles 24 de octubre Adela Cortina visitó Cáritas Zaragoza e imnpartió una conferencia sobre la Aporofobia.

Luis, joven periodista y seminarista de nuestra diócesis, ha compartido con nosotros su visión de la conferencia. Agradecemos su asistencia, su involucración y su ´buen hacer´.

‘Aporofobia’ -del griego άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre; y φόβος, (fobos), miedo-​ se refiere al miedo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Es la repugnancia y hostilidad ante las personas pobres, sin recursos o desamparadas. Es el tema que expuso Adela Cortina en el Centro Pignatelli de Zaragoza al cual asistieron más de cuatrocientas personas.

En el marco de la II Jornada Mundial de los Pobres que el Santo Padre ha convocado para el 18 de noviembre, la conferencia fue introducida por Carlos Gómez Bahillo, director de Cáritas Diocesana de Zaragoza, y Ramón Sabaté, voluntario. Ambos incidieron en la relevancia del nuevo término, aporofobia, y en el agradecimiento a Adela Cortina por parte de Cáritas. Ella, comenzó correspondiendo a ese agradecimiento y señalando las razones por las que ha acuñado la nueva palabra: “Muchas veces, no es que tengamos xenofobia. Por ejemplo, los turistas alemanes no nos molestan. Los que sí lo hacen son los pobres, que por molestarnos, nos molestan hasta los de nuestra familia”.
 
“He puesto nombre a una realidad como los expertos se los ponen a los fenómenos meteorológicos: para que los reconozcamos, los identifiquemos y nos prevengamos contra ellos”, apuntaba la conferenciante. ‘Aporofobia’ fue la palabra destacada del año pasado por Fundéu BBVA, “debido a su capacidad transformadora de la realidad”. Explicaba Cortina que “las fobias existen porque alguien relega a un grupo entero de gente que posee una característica que esta persona desprecia. Es el caso de judíos, extranjeros, homosexuales…”

Expuso también la Dra. Cortina que “nuestro cerebro es xenófobo por naturaleza. Esto es debido a dos principios biológicos: el autointerés básico en la supervivencia y la tendencia disociativa, dejamos de lado todo lo que nos incomoda”. Frente a esto, explicaba, tenemos que reflexionar sobre la inclinación del ser humano a dar y regalar al otro, aunque sea a cambio de algo. Y añadirle una educación para la cooperación: “Para dejar de cultivar las tendencias aporofóbicas tendríamos que hacer una auténtica revolución social”. Y añadía que ha de ser en el siglo XXI, “porque por primera vez en la historia, hay medios más que suficientes, para que a nadie le falte lo necesario”.

“Hay una historia que se nos ha contado y es falsa: que los seres humanos somos individuos aislados que hemos firmado un contrato. Es falso: somos personas que viven en vínculo, en relación”. Adela Cortina señaló que nuestro cerebro es social: “somos en relación y vivimos en relación (...) y la virtud fundamental de nuestra relación debe ser la de la justicia y la de la compasión, que quiere decir que los que somos en vínculos somos capaces de compadecer la alegría y de con-padecer el sufrimiento”. Animaba así a los presentes a cultivar, por lo tanto, la justicia y la compasión, “pero con el añadido de la gratuidad: dar algo aunque no sea a cambio de nada”.

Para terminar, Adela Cortina, añadió que “cuando trabajamos conjuntamente ganamos mucho más que cuando no lo hacemos cooperativamente”, y tras conceder algunas preguntas, Ramón Sabaté concluyó el acto recordando a la audiencia el lema de Cáritas de 2018, “Tu compromiso mejora el mundo”, tan íntimamente relacionado con la denuncia de la aporofobia. Después de estas palabras, se finalizó, no sin un caluroso aplauso del respetable.

17 noviembre, 2017

Cáritas Zaragoza se suma a la invitación de responder con obras al grito de los pobres

Al concluir el Año de la Misericordia, el Papa Francisco instituyó la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará por primera vez el 19 de noviembre de 2017 con el lema “No amemos de palabra sino con obras”. De esta manera Cáritas Zaragoza ha querido sumarse a esta invitación junto con la Conferencia Episcopal Española y Cáritas Española para la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres.

Para la ocasión Ever Vallejo Rúa, seminarista, ha querido trasmitir el siguiente mensaje de reflexión para este día.

«Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Mt 5,3).
Esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza.

Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. En este domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.